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Y yo con estos celos

Otelo fue, a todas luces, un pringao. Que me perdone su ilustrísimo autor, pero de todos sus personajes, éste siempre me ha parecido el más pardillo. Romeo y Julieta, Hamlet, Ricardo III, Julio César, esos sí que se enfrentaron a gestas épicas, a dilemas morales y políticos a la altura de su fuerza o su poder, a sentimientos puros y dignos –o indignos– de un personaje inmortal. Sin embargo, el bueno –e insisto, pringadillo– de Otelo, se enfrentó simple y llanamente… a sus propios celos.